Deposiciones y cólicos intestinales en el bebé según el tipo de alimentación

junio 12, 2011  


Los recién nacidos alimentados a pecho, pueden presentar deposiciones con una frecuencia variable. Algunas veces son de 4 a 5 por día, otras, de una sola cada 4 o 5 días. Pero no hay razón para preocuparse, el bebé no sufre cuando sus intestinos no se mueven con frecuencia. No hay necesidad de realizar ningún tratamiento por ello.

Si el bebé recibe alimentación artificial, la constipación es más frecuente. Se debe, en la mayoría de los casos. A una hipoalimentación o a una mala dilución de la leche.

En los primeros 3 días de vida, la deposición suele ser oscura, casi negra, denominada “meconio”, compuesta por secreciones intestinales, material de descamación y residuos de unto sebáceo y lanugo, los cuales han sido deglutidos por el feto junto con el líquido amniótico durante el embarazo.

Después del quinto y del sexto día, aparecen deposiciones líquidas abundantes, de olor ácido y color amarillo. Duran entre 3 o 4 días; no es diarrea.

Después del décimo día, aparecen las deposiciones típicas, cuyo aspecto estará determinado por el tipo de alimento que reciba el bebé. Es común que el recién nacido, alimentado a pecho, tenga desposiciones de color amarillo y semilíquidas después  de cada mamada. Las deposiciones del bebé alimentado artificialmente suelen ser de color más blanquecino y semisólidas.

Es frecuente que el bebé presente cólicos intestinales hasta el tercer mes. Se cree que son provocado por un reflejo gastronómico, generando son dolores intensos y que pueden aparecer con la toma de alimentos o después de mamar.

Si el bebé llora en forma aguda y no se calma fácilmente, encoge las piernas o se pone colorado y excitado, es probable que esté padeciendo cólicos intestinales. Lo aconsejable en estos casos es realizarle masajes suaves en el abdomen o en la espalda; también puede colocarse una bolsita de agua tibia para aliviar la molestia.

Los cólicos pueden durar hasta dos y tres meses, inclusive prolongarse hasta el cuarto mes. Pero después el cuadro cede, no es para asustarse. Con la paciencia necesaria y los masajes adecuados, podrá el pequeño superar esta parte molesta de su primera etapa de vida.

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