El intestino, nuestro “segundo cerebro”

julio 11, 2013  


Se podría considerar como un segundo cerebro al intestino, dado que tiene una  influencia  totalmente directa sobre el desarrollo funcional del cerebro, como también en los aspectos que producen los estados de ánimo.

Recordamos además la declaración del médico griego Hipócrates quien dijo: “En el intestino se generan todos los malestares”. Hoy en día, dadas las actuales investigaciones, podemos darle la razón, ya que múltiples desórdenes ligados con el sistema inmunológico, están vinculados directamente con los trastornos disfuncionales del aparato digestivo.

Teniendo en cuenta la importante modificación que sufrió en el último medio siglo la dieta alimentaria y considerando que en el intestino humano es donde conviven y reinan diversas bacterias, es necesario realizar algunos cambios debido a la industrialización alimenticia.

Denominado literalmente nuestro segundo cerebro, el intestino, posee la aptitud de manera fehaciente de influenciar en el actuar funcional del cerebro, el cual dicta los estadios del ánimo, así como también en las defensas que genera el organismo.

La psiquiatría también ha ampliado sus investigaciones hacia una nueva frontera hasta ahora muy poco considerada como es la alimentación y como ésta puede afectar la psiquis humana.

Dado que el cerebro y el intestino, trabajan en equipo, teniendo influencia cada uno en el otro, por esta situación la salud mental es de vital importancia sobre la salud intestinal como también en forma inversa. Múltiples estudios de investigación minuciosa han dejado en evidencia cómo muchos males pueden estar relacionados y acrecentados por las alteraciones que se producen en la flora intestinal debido a la ingestión de una inadecuada alimentación.

De esta forma, una esmerada y cuidada selección de productos para la alimentación colaborará en el bienestar y  equilibrio del funcionamiento intestinal, produciendo un efecto benéfico en la química del cerebro. También ayudará a aminorar los inconvenientes que se relacionan con la depresión,  los estados de ansiedad, disminuyendo de manera categórica los niveles hormonales que generan el estrés.

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